Que simpático el tendero,
me ha regalado 5 mm de cuerda,
que entrañable.
He hecho las maletas y las he arrojado por la ventana,
que precioso,
los borrachos y las gaviotas,
renovando su vestuario.
Una familia de jorobados,
abuela incluida,
ha fallecido al completo calcinados,
en un pueblecito llamado Nauvo,
cerca de Turku,
pero a mi eso me da igual,
yo sigo adelante con lo mío.
Me he rebanado las venas con el cuchillo del pan,
que torpeza,
toda la cicatriz llena de migajas,
como el caminito de Hansel y Gretel.
El pantalón del pijama todo salpicado,
de sangre,
de queso philadelphia,
de un par de lagrimillas.
Basta de niñerias,
tenso la cuerda,
la paso a través del aplique de la lámpara,
me hago un nudo que ni el capitán Ahab alrededor del cuello,
y ya estoy presentable,
como un regalito (con su lazo y todo) para el más allá.
Lástima que en ese momento ha llegado mi novia,
y le he tenido que explicar que estaba ensayando una perfomance.
Cruel destino el de los torpes,
que ni para matarnos valemos.
Ya me lo decía mi padre:
-Nene, cuando tú haces algo bien es porque te has equivocado.